En Vall de Gallinera, cada año, la naturaleza nos regala un escenario digno de ver: La floración de sus cerezos.

Bien es sabido que las cerezas de Vall de Gallinera son únicas tanto por su dulce sabor, como por su llamativo color.  Totalmente artesanas y cultivadas en un microclima único, las cerezas están protegidas por la Denominación de Origen lo que significa que están sometidas a estrictos controles para garantizar su calidad para que llegue al consumidor en perfectas condiciones.

Pero son las semanas previas de su recogida, las que atraen al pueblo muchísimos turistas, que cada año se acercan a ver la floración que anuncia el fin del invierno y la llegada del buen tiempo.
Hay infinidad de cosas por ver en Gallinera, pero a finales de marzo y durante el mes de abril (dependiendo de la climatología), lo que predominan son las visitas a los campos de cultivo de las cerezas.
Antes de caer la flor para dejar paso al nacimiento del fruto rojo, el paisaje se viste con un manto blanco visible desde cualquier rincón de las carreteras y caminos que atraviesan el valle.
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